¿Por qué mi lesión no mejora?
En Fisioterapia Cereceda en Alcalá de Henares te ayudamos a aliviar el dolor y mejorar tu bienestar. ¿Quieres Concertar Cita?
Posibles razones por las cuales una lesión puede no mejorar
¿Por qué mi lesión no mejora? Seguro que te has hecho esta pregunta muchas veces. Veamos algunas de las razones:
- Lesiones de larga evolución no tratadas. Generalmente, cuanto más tiempo pase desde que se genera la lesión hasta que se recibe tratamiento, más tiempo hace falta para que comience a evolucionar de forma favorable.
- No llevar un estilo de vida saludable. Este factor influye tanto en la aparición de la lesión, como en la evolución y resolución definitiva. Algunos de los detonantes más frecuentes que suelen presentarse de forma combinada son: la falta de descanso, la alimentación poco saludable, carente de micronutrientes, el estrés, la carga de trabajo excesiva (física y mental) y la falta de ejercicio físico o entrenamientos desbalanceados.
- No realizar el tratamiento completo. Algunas veces, cuando notamos algo de mejoría abandonamos el tratamiento para volver a nuestra actividad habitual, lo que provoca el empeoramiento del proceso. No es recomendable abandonar el tratamiento hasta que el profesional consensúe con el paciente que la lesión se encuentra realmente recuperada. Asimismo, es habitual que de forma auxiliar al tratamiento se prescriban pautas posturales, de ejercicios, estiramientos y descansos. Es importante llevarlas a cabo para la correcta recuperación.

¿Por qué mi lesión no mejora? Identificación de las causas subyacentes
- No actuar sobre la causa de fondo. Muchas veces las causas de las patologías son multifactoriales, lo que quiere decir que la lesión no se presenta por una única razón, si no que es resultante de la combinación de varios factores. Encontrar las causas exactas de fondo del problema puede ser difícil, pero algunas pueden ser:
- Estar pasando por una época de mucha tensión emocional, que aumente de forma generalizada el tono muscular y dificulte el descanso (relacionada en parte con el punto anterior).
- Aumentos o disminuciones bruscas de la actividad física y deportiva diaria, relacionada con los entrenamientos desbalanceados o no planificados por un profesional.
- Actitudes posturales poco ergonómicas, mantenidas durante mucho tiempo. Las malas posturas, las posturas mantenidas, los gestos repetitivos o las cargas de peso inadecuadas o excesivas, pueden provocar y mantener una lesión en el tiempo. Mejorar la posición corporal para mejorar la biomecánica de una articulación es muchas veces esencial para la resolución de la patología.
- Falta de fuerza, estabilidad o equilibrio en articulaciones concretas o de forma generalizada, a consecuencia de lesiones previas o de hábitos sedentarios.
Algunas veces, a pesar de realizar tratamiento de fisioterapia, nuestra lesión no mejora
- Expectativas. Algunas veces esperamos que al recibir el tratamiento la lesión mejore de forma inmediata, al igual que remiten los síntomas cuando tomamos medicación. Las técnicas que utiliza la fisioterapia inducen cambios en los tejidos que requieren de horas, días e incluso meses para llevarse a cabo (como es el caso del ejercicio terapéutico). Sin embargo, al contrario de lo que muchas veces ocurre con el tratamiento farmacológico, estos cambios son duraderos y sobre las causas que originaron el problema, por lo que generalmente promueven la resolución de la lesión.

- La hipervigilancia y la kinesiofobia. Estas aparecen conjuntamente después de una lesión y son mecanismos normales e inicialmente inconscientes que, normalmente y en su justa medida, favorecen la resolución de la lesión. Sin embargo, cuando se alargan en el tiempo pueden favorecer actitudes que contrariamente a lo que queremos, empeoran la evolución de la lesión a largo plazo. La kinesiofobia, es decir, el miedo al movimiento por dolor o porque aparezca una nueva lesión, puede conducir a un comportamiento de evitación que da como resultado una hipervigilancia de las sensaciones corporales (estar pendiente de si me duele o tengo alguna sensación diferente en la zona lesionada), seguida de disminución de la funcionalidad de la parte afectada, con cual suele conllevar el desuso de la misma y, por tanto, la no recuperación de la lesión. Por ejemplo, la kinesiofobia en los episodios de lumbalgia genera una mayor percepción del dolor, lo que conlleva bajos niveles de actividad física lo cual a su vez afecta negativamente a la calidad de vida de la persona e incluso a su estado de ánimo, generando un círculo vicioso difícil de romper sin ayuda de un profesional.
